El debate sobre la extorsión volvió a sacudir a México con la aprobación de una nueva ley que promete sanciones más severas. La narrativa oficial apuesta por penas históricas, pero la realidad demuestra que el problema se sostiene por fallas estructurales más profundas que no se corrigen sólo con castigos. Millones siguen viviendo con miedo, mientras el país acumula récords de víctimas sin un plan integral que acompañe las reformas.
El Congreso celebró la aprobación con la expectativa de que penas de hasta 42 años transformen el panorama. Sin embargo, la experiencia nacional muestra que los delitos no disminuyen únicamente por elevar castigos. Además, la iniciativa llega en un contexto donde la presidenta Claudia Sheinbaum reconoce que la extorsión es el único delito que no logró reducir desde que llegó al poder.
Cambios a la ley sin estrategia integral
La norma aprobada por diputados y validada por el Senado endurece penas, unifica definiciones y permite perseguir el delito de oficio. También incorpora agravantes y sanciona a funcionarios, policías, custodios y servidores públicos que faciliten o no denuncien casos. Kenia López defendió la reforma, mientras que Marcelo Torres criticó que el oficialismo ignoró advertencias previas. Por su parte, Ricardo Monreal Ávila aceptó que “agravar las penas por sí solo no resolverá la situación del país”, señalando la necesidad de una discusión más amplia.
Asimismo, Ricardo Madrid insistió en que la extorsión afecta patrimonio y estabilidad emocional, pero el argumento volvió a caer en un punto ciego: sin prevención real, cualquier ley es insuficiente.
Extorsión en ascenso y medidas reactivas
El incremento interanual del 7 por ciento durante los primeros meses del año, que dejó 5,887 víctimas registradas, confirma que la estrategia actual no frena el delito. En consecuencia, el país enfrenta su mayor cifra de extorsiones desde que existe registro, mientras la desconfianza institucional mantiene una cifra negra del 96.7 por ciento.