La posibilidad de que Javier Saldaña Almazán busque la candidatura de Morena al gobierno de Guerrero ha reavivado cuestionamientos que durante años han acompañado su permanencia al frente de la Universidad Autónoma de Guerrero. Mientras el rector habla de participar en el proceso interno del partido, sectores universitarios recuerdan una gestión marcada por la concentración de poder, la ausencia de competencia real y constantes señalamientos sobre privilegios incompatibles con la realidad que enfrenta gran parte de la comunidad estudiantil.
Lejos de presentarse como una figura de renovación política, el rector carga con el peso de una estructura que ha controlado durante más de una década. Su nombre aparece ligado a uno de los cacicazgos universitarios más prolongados en la historia reciente de Guerrero.
Morena abre la puerta a Javier Saldaña Almazán
Durante un mensaje difundido en redes sociales, Saldaña confirmó que fue invitado por la dirigencia nacional de Morena a participar en reuniones relacionadas con el proceso interno rumbo a la gubernatura de 2027.
Sin embargo, el rector aseguró que solo se registraría si cuenta con la aprobación del senador Félix Salgado Macedonio, a quien definió como su amigo y líder político. La declaración provocó críticas inmediatas debido a la influencia que ambos personajes mantienen en distintos espacios de poder en Guerrero.
Asimismo, Saldaña anunció reuniones con universitarios y organizaciones sociales para informar sobre la invitación recibida por parte de Morena.
Tres rectorados y una universidad sin oposición real
El actual rector concluirá su mandato en 2027. Para entonces acumulará alrededor de 12 años con influencia directa sobre la Universidad Autónoma de Guerrero, una institución donde ha ganado procesos internos como candidato único.
Diversos sectores universitarios han denunciado durante años que las modificaciones a la normatividad interna eliminaron contrapesos y redujeron la posibilidad de que surgieran adversarios reales. Además, académicos críticos sostienen que la estructura universitaria opera bajo un esquema de control político que inhibe la competencia interna.
Las aspiraciones políticas de Saldaña llegan mientras persisten cuestionamientos sobre el manejo de la universidad, el crecimiento patrimonial atribuido al rector y los señalamientos sobre presuntos privilegios que contrastan con las carencias que enfrentan miles de estudiantes. Aunque ninguna autoridad ha emitido sentencias por estos señalamientos, la percepción pública permanece. Por ello, para muchos universitarios la pregunta ya no es si Javier Saldaña Almazán quiere ser gobernador, sino si primero debe rendir cuentas sobre más de una década de control absoluto dentro de la máxima casa de estudios de Guerrero.