Ciudadanía

Caso de Kimberly Ramos expone ineptitud y desconexión de autoridades morelenses

Mientras en redes sociales funcionarios celebran torneos internacionales y hablan de turismo deportivo, en las calles y universidades de Morelos la conversación gira en torno a una tragedia que ha reavivado el miedo y la indignación: el asesinato de la estudiante Kimberly Ramos, cuyo caso detonó protestas estudiantiles y una discusión pública sobre la violencia contra las mujeres en el estado.

La imagen de una banca escolar vacía con una rosa blanca colocada sobre ella y un cartel que dice “Quiero que mi mamá reciba mi título, no mi acta de defunción” se ha convertido en uno de los símbolos más potentes de las movilizaciones recientes. El mensaje resume el sentimiento que hoy domina entre estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y en amplios sectores de la sociedad: el miedo de que estudiar, salir o terminar una relación pueda costar la vida.

De acuerdo con reportes periodísticos, estudiantes de la UAEM realizaron protestas tras la localización sin vida de Kimberly, denunciando la falta de seguridad y la normalización de la violencia de género. Las movilizaciones se suman a una larga lista de reclamos que durante años han señalado la impunidad y la insuficiencia de las políticas públicas para prevenir la violencia feminicida en el estado.

En paralelo a ese clima social, funcionarios locales han difundido mensajes celebrando la llegada del Morelos Open, torneo de tenis del circuito ATP Challenger, presentado como una oportunidad para impulsar el turismo y proyectar al estado a nivel internacional.

Promoción institucional en medio de la crisis

En una publicación difundida en redes sociales, la síndica de Cuernavaca, Paula Trade Hidalgo, acompañada por el secretario de Turismo, Daniel Altafi Valladares, Juan Felipe Domínguez Robles, titular del Instituto del Deporte y Cultura Física del Estado de Morelos (Indem), Mario Chávez Ortega, director general del Fideicomiso Ejecutivo del Fondo de Competitividad y Promoción del Empleo (Fidecomp) y César Pérez Herrera, Representante del Ejecutivo de Morelos en la Ciudad de México, agradeció la invitación al torneo y lo calificó como “uno de los eventos deportivos más importantes del estado”, destacando su potencial para promover el deporte y el turismo.

Funcionarios promueven el Morelos Open en Cuernavaca mientras crecen protestas por el caso Kimberly Ramos

El contraste entre ambas realidades —las protestas por el asesinato de una estudiante y la promoción institucional de un torneo de tenis— ha generado críticas en redes sociales y espacios públicos. Para muchos ciudadanos, las imágenes parecen pertenecer a dos estados distintos: uno marcado por la violencia y otro dedicado a la promoción de eventos que poco dialogan con la urgencia social del momento.

El propio deporte que se promociona refleja también una brecha social. El tenis, aunque con presencia creciente en México, sigue siendo considerado un deporte de élite en el país. Su práctica suele concentrarse en clubes privados y sectores con mayor capacidad económica, lo que contrasta con las demandas de seguridad y justicia que hoy movilizan a estudiantes y colectivos feministas.

Datos que explican la indignación social

La indignación se intensifica al revisar los datos disponibles. De acuerdo con estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) recopiladas y difundidas por El Economista, Morelos encabeza la tasa de feminicidios en México, con 3.01 casos por cada 100,000 mujeres.

El ranking de los estados con mayor tasa de feminicidios es el siguiente:

  • Morelos: 3.01

  • Sinaloa: 2.98

  • Chihuahua: 2.03

  • Campeche: 1.84

  • Tabasco: 1.82

El promedio nacional es de 0.88, lo que coloca a Morelos muy por encima de la media del país.

Estas cifras dan contexto al enojo que se expresa hoy en universidades, colectivos feministas y redes sociales. La discusión ya no se limita a un caso particular. Se trata de un problema estructural que atraviesa al estado y que, para muchos ciudadanos, exige una respuesta política y social mucho más contundente que la promoción de eventos deportivos.

La pregunta sobre las instituciones de protección a las mujeres

En medio de este contexto surge otra pregunta que también ha comenzado a circular entre ciudadanos y activistas: ¿dónde están las instituciones encargadas de defender a las mujeres?

Una duda que se repite es la siguiente: si aún existiera el Instituto de la Mujer de Morelos, ¿ya se habría pronunciado respecto al caso Kimberly? ¿Estaría encabezando acciones para exigir justicia o para acompañar a la comunidad universitaria?

La pregunta surge porque, hasta ahora, la presencia pública de la Secretaría de las Mujeres de Morelos, encabezada por Clarisa Manrique, ha sido prácticamente inexistente en torno a este caso. En redes sociales, la última publicación personal de la secretaria data de hace varios días, mientras que la página institucional difundió recientemente una publicación relacionada con la instalación de la llamada Mesa Violeta, iniciativa que busca coordinar esfuerzos institucionales para prevenir y atender la violencia de género.

La desconexión

El mensaje institucional cierra con una frase que, en papel, resulta contundente: “Prevenir, atender y erradicar la violencia es una responsabilidad compartida.”

El problema es que, frente a un caso que ha sacudido a estudiantes y familias en Morelos, esa responsabilidad no parece traducirse en presencia pública, posicionamientos claros o acciones visibles de acompañamiento. Más aún cuando la propia secretaria es egresada de la universidad que hoy protesta por la muerte de una de sus estudiantes.

La distancia entre el discurso institucional y la realidad que viven muchas mujeres en Morelos vuelve a quedar expuesta. En un estado que lidera las tasas de feminicidio en el país, la ausencia de voces institucionales en momentos críticos no pasa desapercibida.

Las imágenes que circularon esta semana resumen el momento que vive Morelos. De un lado, funcionarios celebrando un torneo internacional de tenis. Del otro, una banca vacía con una rosa blanca que recuerda a una estudiante que ya no volverá a ocupar su lugar.

Entre ambas escenas queda al descubierto una pregunta que hoy recorre Cuernavaca y buena parte del estado: qué prioridades están guiando realmente a quienes gobiernan.

Redacción

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