El hartazgo social en México volvió a ocupar las calles con una fuerza inesperada. La marcha convocada por Generación Z México mostró que, cuando la violencia afecta cada rincón del país, la ciudadanía reacciona más allá de etiquetas generacionales. Lo ocurrido reveló un espíritu colectivo que supera edades y territorios, un testimonio vivo de que la exigencia de paz se vuelve urgente para todos.
Miles caminaron del Ángel de la Independencia al Zócalo impulsados por indignación y esperanza. También participaron personas mayores de 30 años, señal clara de un cansancio acumulado ante la inseguridad. Además, la presencia de la abuela de Carlos Manzo simbolizó el dolor que atraviesa familias de todo el país. En consecuencia, la marcha se convirtió en un puente solidario entre generaciones.

Generación Z inspira solidaridad y unidad social
El avance del contingente mostró que la violencia no distingue edades. Adultos, jóvenes y familias completas caminaron juntos denunciando corrupción, impunidad y abandono institucional.
Sin embargo, la intervención policial de la Secretaría de Seguridad Ciudadana desató un escenario injustificado. Derribo de vallas, gases y golpes marcaron un punto de quiebre, donde 120 personas resultaron heridas. La crítica se intensificó cuando la Fiscalía capitalina abrió 18 carpetas de investigación por uso excesivo de la fuerza, siete relacionadas con ataques a periodistas. Por otro lado, la suspensión de algunos agentes no apaciguó el reclamo público por la desproporción de la respuesta oficial.
Debate nacional tras declaraciones del Gobierno
Claudia Sheinbaum desestimó el carácter juvenil del movimiento y cuestionó su origen, mientras señaló vínculos con Ricardo Salinas Pliego. También mencionó supuesta participación de Atlas Network y campañas digitales pagadas. A pesar de ello, miles de asistentes demostraron que la movilización surgió del cansancio real ante la violencia.
La relatora de la ONU, Gina Romero, expresó preocupación por el uso de armas menos letales y exigió investigar posibles infiltraciones. El reclamo ciudadano también recordó el caso de Jorge Alberto Cortés Lizaola, cuya familia marchó en busca de justicia. Las protestas replicadas en Puebla, Monterrey y Guadalajara reforzaron la dimensión nacional del llamado social.
En octubre de 2023, la desaparición de Cortés Lizaola ya había impulsado un movimiento local, lo que evidencia la persistencia del enojo colectivo ante la falta de resultados institucionales.