Margarita González Saravia y su gabinete de lealtades

El reciente nombramiento de Miguel Ángel Peláez Gerardo al frente de la Secretaría de Gobierno de Morelos confirma una tendencia que ya se percibía: Margarita González Saravia consolida un gabinete formado por rostros de su pasado en la Lotería Nacional, un círculo de confianza donde los vínculos personales y políticos pesan más que la experiencia o la capacidad de negociación.

Peláez no es un desconocido, aunque su perfil está lejos de ser el de un operador político. Su carrera se ha desarrollado en el terreno de la comunicación y la estrategia mediática. Su mayor antecedente fue su papel en uno de los momentos más extraños del sexenio de Andrés Manuel López Obrador: la rifa del avión presidencial, una puesta en escena que terminó convertida en emblema del espectáculo político envuelto en discurso social.

Lealtades por encima del oficio político

Personas cercanas aseguran que Peláez coordinó la estrategia de difusión que dio vida a aquella simulación. Si ese dato se confirma, su llegada al gabinete estatal se entiende más como un reconocimiento a su fidelidad que como un nombramiento por méritos propios. La Secretaría de Gobierno, que debería ser el corazón político de Morelos, corre el riesgo de convertirse en una oficina decorativa, más preocupada por complacer que por construir acuerdos.

El entorno político de Morelos muestra señales de improvisación y desconcierto. Se menciona a Jorge Morales Barud, un veterano político con larga trayectoria pero sin propuesta renovadora, y al polémico Javier García “El Gato”, operador cercano al poder que, según versiones, busca concentrar mayor control dentro del gobierno.  En medio de esta confusión surgió la idea de crear una “súper secretaría” que fusione la de Gobierno y la de la Gubernatura, bajo el mando de Javier García. Una propuesta tan ilógica que, como se comenta entre funcionarios, “ni Dalí podría haberla imaginado”

La dinámica del poder en Morelos parece provenir de una auténtica escuela de agiotistas de MV y GDV, donde cada movimiento responde más a favores cruzados que a una estrategia de Estado. En consecuencia, la gobernadora arriesga su capital político al priorizar la lealtad personal sobre la eficacia institucional.

El gabinete ornamental de Margarita González

Morelos necesita liderazgo real, no floreros que adornan el poder sin ejercerlo. La gobernabilidad exige diálogo, mediación y capacidad para contener tensiones, no sumisión ni discursos vacíos. Sin embargo, las señales del Palacio de Gobierno apuntan a que la prioridad sigue siendo proteger el círculo cercano.

Si González Saravia aspira a consolidar su administración, necesita rodearse de perfiles que construyan, no que aplaudan. De lo contrario, su gabinete corre el riesgo de transformarse en un escenario donde los fieles ocupan los asientos, pero el poder efectivo se queda vacío.

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Redacción

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