El Gobierno de Morelos, encabezado por Margarita González Saravia, presentó la convocatoria para el Premio Estatal de la Juventud 2025, un reconocimiento que —según la mandataria— busca destacar las contribuciones de jóvenes en los ámbitos cultural, social, deportivo, tecnológico y económico. Sin embargo, el anuncio no generó el entusiasmo esperado: colectivos juveniles y organizaciones civiles denunciaron un proceso viciado y dirigido a beneficiar a personas cercanas al Instituto Morelense de las Personas Adolescentes y Jóvenes (Impajoven).
Las críticas no tardaron. Activistas señalaron que, históricamente, los premios terminan en manos de allegados a los funcionarios del instituto y militantes afines a la 4T. La desconfianza aumentó tras revelarse que, hace apenas un mes, el director del Impajoven, Rodrigo Heredia del Orbe, y varios colaboradores del instituto viajaron a Cuba con recursos públicos destinados al propio premio, que debió realizarse en agosto —mes dedicado a la juventud—.
Pese a las acusaciones, el gobierno estatal intentó limpiar su imagen al relanzar la convocatoria con recursos adicionales y la promesa de entregar, por primera vez, un estímulo económico de 38 mil 500 pesos a los ganadores de las 14 categorías del certamen.
Sin embargo, el monto elevado también despertó sospechas: para muchos, el premio busca desviar la atención de las críticas y favorecer a los “jóvenes” cercanos al instituto, varios de los cuales ni siquiera cumplen con el rango de edad establecido, pues superan los 29 años. El gesto, lejos de generar confianza, se percibe como una maniobra de control de daños más que como un verdadero compromiso con la juventud morelense.
Un reconocimiento empañado por la falta de credibilidad
Durante la presentación, González Saravia insistió en que su administración “trabaja por el bienestar de las juventudes” y recordó que Morelos cuenta con 650 mil jóvenes. Aseguró que el premio busca reconocer su talento y motivarlos hacia un futuro mejor. No obstante, las acciones gubernamentales parecen alejarse de esa narrativa.
Colectivos y voces críticas cuestionan que el Impajoven funcione como una plataforma de promoción política, más que como un espacio de apoyo real. La opacidad en los criterios de selección, la exclusión de jóvenes no alineados al oficialismo y la falta de rendición de cuentas alimentan la percepción de un premio diseñado para unos cuantos.
La polémica creció cuando medios locales recordaron el viaje del titular del instituto y sus allegados, lo que evidenció una desconexión con la realidad que viven miles de jóvenes en Morelos: desempleo, falta de oportunidades y abandono institucional.
Entre promesas y desconfianza ciudadana
De acuerdo con la convocatoria oficial, podrán participar personas de entre 18 y 29 años, de manera individual o grupal. El registro permanecerá abierto del 6 al 20 de noviembre, con resultados previstos para el día 24. No podrán competir servidores públicos, familiares de funcionarios del Impajoven ni ganadores anteriores.
El jurado estará integrado por diversas dependencias, entre ellas las secretarías de Gobierno, Bienestar, Mujeres, Turismo y Seguridad, además de la Contraloría estatal. Sin embargo, la presencia de funcionarios del mismo aparato gubernamental como jueces levanta sospechas sobre la imparcialidad del proceso.
Mientras tanto, Cuernavaca y el resto del estado siguen padeciendo inseguridad, desempleo y falta de espacios culturales. Muchos se preguntan qué sentido tiene promover un premio cuando la juventud enfrenta abandono, violencia y desconfianza en las instituciones.
El Premio Estatal de la Juventud 2025 podría ser una oportunidad para reconocer el esfuerzo y la innovación de los jóvenes, pero mientras persistan las sospechas de favoritismo y uso político, su legitimidad quedará en entredicho. El verdadero desafío para el gobierno de Morelos no es entregar estímulos, sino recuperar la confianza de una generación que ya no cree en los discursos, sino en los hechos.
¿Interesado en el tema? Podría leer: Cuernavaca, escenario de gran evento en medio del abandono