La disputa por Cuernavaca ya comenzó dentro de Morena y cada vez resulta más complicado ocultarlo. Aunque oficialmente el proceso electoral de 2027 todavía no arranca, los movimientos internos, las ausencias estratégicas y la operación territorial ya exhiben una pelea adelantada entre grupos que buscan controlar políticamente la capital del estado.
El pasado 10 de mayo, durante un multitudinario festejo por el Día de las Madres en Cuernavaca, quedaron expuestas las tensiones internas que atraviesan Morena. Mientras algunos perfiles mostraron capacidad de movilización y presencia territorial, otros decidieron mantenerse lejos del evento pese a que, según versiones cercanas a la organización, todos los actores relevantes del movimiento fueron invitados formalmente.
Morena acelera batalla interna por la capital
Al festejo asistieron el regidor Javier Bolaños y el diputado federal Juan Ángel Flores Bustamante, ambos identificados desde hace tiempo como perfiles interesados en competir por la candidatura a la presidencia municipal de Cuernavaca. La convocatoria reunió a miles de mujeres y mostró una estructura territorial importante con comida, música en vivo, rifas y movilización política.
Sin embargo, las ausencias terminaron generando todavía más ruido político. Ni Víctor “El Wero” Mercado ni Meggie Salgado aparecieron en un evento donde Morena dejó claro que algunos grupos ya comenzaron a medir fuerza rumbo al futuro.
En política las ausencias rara vez son casualidad. Mucho menos cuando existe una operación política de ese tamaño y cuando la capital del estado representa el principal objetivo electoral rumbo a los próximos años.
El riesgo de ruptura comienza a crecer
Lo que actualmente se percibe dentro de Morena ya no parece simple competencia interna. Distintos grupos comenzaron a construir su propio territorio, narrativa y estructura mientras envían señales de distancia política entre sí.
Además, algunos actores apuestan por mostrarse constantemente en territorio y fortalecer cercanía social, mientras otros parecen optar por el silencio o la ausencia calculada.
El verdadero problema para Morena no sería la disputa por candidaturas, sino el desgaste prematuro que podría derivar en fracturas internas, revanchismos y divisiones difíciles de contener. La política morelense ha demostrado durante años que las rupturas internas suelen destruir proyectos completos mucho antes de enfrentar a la oposición. Y en Cuernavaca varios grupos ya comenzaron a caminar exactamente hacia ese escenario.