Mientras en distintas partes del país se anuncian cifras récord y nuevas plantas industriales, en el estado la historia es completamente distinta. No es que no haya interés global. Es que simplemente no están volteando a ver este territorio.
Durante 2025, México alcanzó un máximo histórico en captación de inversión extranjera con más de 40 mil millones de dólares. La capital del país absorbió la mayor parte. Nuevo León y Estado de México también se posicionaron como destinos clave. Aquí, en cambio, ni siquiera se aparece en la conversación.
Inversión extranjera ausente y un discurso que no alcanza
Además, el contraste no podría ser más evidente. Mientras otros estados compiten por atraer industrias, la administración de Margarita González Saravia y su secretario Víctor Sánchez Trujillo siguen apostando por anuncios, plataformas digitales y eventos que no se traducen en inversión real.
Asimismo, la caída de proyectos lo deja claro. En los últimos meses, al menos seis iniciativas productivas que ya estaban encaminadas simplemente se vinieron abajo. No fue por falta de incentivos ni por burocracia. Fue por un problema que se repite una y otra vez: la inseguridad.
En consecuencia, el mensaje para cualquier inversionista es directo. Aquí no solo se enfrentan a riesgos de mercado, también a extorsión y cobro de piso. Bajo esas condiciones, la decisión es sencilla. Se van a otro estado.
Violencia, simulación y una economía sin rumbo
Por otro lado, lo poco que se presenta como avance no nace desde el gobierno estatal. Carreteras, infraestructura y obras visibles tienen sello federal. Son proyectos que llegan desde la administración de Claudia Sheinbaum, no de una estrategia local.
También, los llamados “grandes anuncios” quedan cortos. Un hotel en Oacalco, un espacio con apenas decenas de empleos y una empresa tecnológica no sustituyen la ausencia de industrias que generen empleo masivo.
De igual manera, el impacto ya se siente en la vida diaria. El sector construcción ha perdido cerca del 70% de su fuerza laboral, que tuvo que buscar trabajo fuera. No se fueron por elección. Se fueron porque aquí no hay opciones.
Mientras tanto, el problema de fondo sigue intacto. La violencia no se contiene y desde el gobierno se evita confrontarla de manera directa. Esa omisión termina definiendo el rumbo económico.
Finalmente, el resultado es evidente. Mientras el país avanza en atracción de capital, el estado queda fuera, atrapado entre cifras que no lo incluyen y decisiones que no cambian nada.