La reapertura de la calle Cuauhtemotzin fue presentada como una mejora urbana, pero apenas cuatro días después ya acumula reclamos difíciles de ignorar. La obra quedó abierta el 27 de mayo a las 7:00 de la mañana, tras un mes de trabajos de tubería, drenaje sanitario y pavimentación con concreto hidráulico.
El problema es que la circulación volvió antes de resolver fallas visibles. Vecinos y usuarios señalan que el diseño no consideró adecuadamente la pendiente de la vialidad. Con la temporada de lluvias encima, el riesgo de derrapes y choques no parece menor. Una calle recién entregada no debería generar dudas sobre la seguridad de quienes la transitan.
Riesgos visibles en Cuauhtemotzin antes de las lluvias
La inclinación de la calle exige soluciones técnicas claras, no solo una nueva capa de concreto. Si el acabado resulta resbaloso con agua, los automovilistas podrían perder control en una zona de tránsito constante. Además, un accidente en el Centro puede afectar también a peatones, comercios y transporte local.
Otro punto que molesta es la basura abandonada tras la obra. Aun después de inaugurada, permanecen residuos que debieron retirarse antes de abrir el paso. La pregunta ciudadana es simple. Si quienes ejecutaron los trabajos no levantaron esos desechos, ¿quién lo hará ahora y cuánto tiempo seguirán ahí?
Banquetas dañadas y peatones en riesgo
El mayor reclamo apunta a las banquetas. La autoridad informó que los trabajos de mejora continuarían, pero la circulación peatonal ya quedó normalizada. Eso deja a transeúntes caminando entre tramos irregulares, deteriorados y poco seguros.
La inconformidad crece porque, al pavimentar una calle, también debe garantizarse el paso seguro de quienes caminan. Si las banquetas siguen peor que antes, muchos peatones terminarán bajando al arroyo vehicular. Ese escenario aumenta riesgos de caídas, golpes y atropellamientos en una vialidad que debió entregarse completa, limpia y funcional.