Hay personajes cuya historia política parece no tener fecha de caducidad. Uno de ellos es René Bejarano, conocido desde hace más de dos décadas como el “Señor de las Ligas” tras ser exhibido en 2004 recibiendo fajos de billetes del empresario Carlos Ahumada. Hoy, el mismo operador político aparece para defender a Morena y negar cualquier vínculo del partido con grupos delictivos, una postura que ha reavivado cuestionamientos sobre la autoridad moral de quienes asumen ese papel.
El también fundador de Izquierda Democrática Nacional aseguró recientemente que las acusaciones contra Morena forman parte de una “guerra mediática continental” y rechazó cualquier complicidad entre el partido y el crimen organizado. Sus declaraciones, sin embargo, contrastan con uno de los episodios de corrupción más recordados de la política mexicana.
René Bejarano y el regreso del “Señor de las Ligas”
La figura de René Bejarano quedó marcada desde 2004, cuando un video mostró al entonces operador político guardando fajos de billetes sujetos con ligas que le entregó el empresario Carlos Ahumada. Aquellas imágenes dieron origen al apodo del “Señor de las Ligas”, un símbolo que, para muchos, representa uno de los mayores escándalos de corrupción política de las últimas décadas.
Pese a ese antecedente, Bejarano volvió a ocupar espacios públicos para ofrecer conferencias, entrevistas y ahora defender la actuación de Morena frente a los señalamientos sobre presuntos vínculos con organizaciones criminales.
La situación también mantiene bajo escrutinio a Ariadna Montiel, actual secretaria de Bienestar, debido a la cercanía política que durante años mantuvo con Bejarano, considerado uno de sus principales mentores dentro de la izquierda mexicana.
La crítica apunta al mensaje y a quien lo emite
La analista Verónica Malo sostiene que el problema no radica en que René Bejarano ejerza su derecho a expresarse, sino en que continúe ocupando espacios como referente político pese al peso de su historial.
Desde esa perspectiva, una democracia no solo enfrenta riesgos cuando el poder censura voces incómodas. También se debilita cuando personajes asociados con escándalos de corrupción recuperan legitimidad pública sin que exista un verdadero costo político.
La autora considera que Morena ha normalizado contradicciones que antes provocaban un amplio rechazo ciudadano. En ese contexto, el regreso del “Señor de las Ligas” como vocero para defender al partido resulta, para sus críticos, un ejemplo de cómo el cinismo político puede convertirse en una estrategia para minimizar hechos que marcaron la vida pública del país.
Más de veinte años después del video que exhibió a René Bejarano recibiendo dinero de Carlos Ahumada, el debate ya no gira únicamente alrededor de aquel episodio. También cuestiona que un personaje identificado con ese escándalo vuelva a ocupar el espacio público para hablar de honestidad, credibilidad y combate a la corrupción, precisamente los temas que durante años definieron la narrativa política de Morena.