Pocas obras urbanas generan tanta curiosidad como el enorme monumento amarillo que domina una de las glorietas más emblemáticas de Paseo de la Reforma. Aunque millones de personas lo observan diariamente, pocos conocen que el “Caballito” no solo nació como una pieza artística monumental, sino también como una solución de ingeniería para la Ciudad de México.
Sebastián inauguró la escultura en 1992 y desde entonces la obra se convirtió en uno de los símbolos contemporáneos más reconocibles de la capital. Además, marcó un momento decisivo en la carrera de Enrique Carbajal González, el artista chihuahuense que creó una pieza capaz de preservar la memoria histórica del lugar y responder a una necesidad urbana específica.
La historia detrás de el “Caballito” en Paseo de la Reforma
Antes de la actual estructura, la célebre estatua ecuestre de Carlos IV ocupó ese mismo espacio durante más de un siglo. Manuel Tolsá creó la obra, que la población identificó popularmente como El Caballito. En 1979 las autoridades la trasladaron a la Plaza Manuel Tolsá, frente al Museo Nacional de Arte.
La glorieta conservó un enorme valor simbólico. Por ello, cuando surgió la necesidad de construir un respiradero para el drenaje profundo de la zona, autoridades y desarrolladores optaron por instalar una nueva pieza monumental que preservara la identidad histórica del sitio.
Una escultura con función artística y urbana
Los propietarios de la Torre El Caballito solicitaron una obra de gran escala que además permitiera ventilar los gases provenientes de una alcantarilla bajo el edificio. Sebastián respondió con una propuesta inspirada en formas geométricas, el arte etrusco y la Grecia arcaica.
Asimismo, la estructura alcanza 28 metros de altura, tiene 10 metros de diámetro, pesa alrededor de 80 toneladas y utiliza placas de acero recubiertas con esmalte acrílico amarillo brillante.
Actualmente, el “Caballito” representa uno de los ejemplos más reconocidos de escultura monumental mexicana. También abrió camino para que artistas nacionales ocuparan espacios emblemáticos de la capital con obras contemporáneas de gran escala.