La desaparición de Roxana Guzmán volvió a colocar a Veracruz en el centro de una tragedia que parece repetirse una y otra vez. La periodista fue privada de la libertad por un grupo armado que irrumpió en su domicilio de Nanchital, un hecho que quedó registrado en video y que ha provocado indignación dentro y fuera del gremio periodístico.
Mientras continúan las labores de búsqueda, el caso ha reabierto el debate sobre la seguridad de quienes ejercen el periodismo en regiones donde el crimen organizado mantiene una fuerte presencia y donde informar puede convertirse en una actividad de alto riesgo.
La búsqueda de Roxana Guzmán continúa en el sur de Veracruz
La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que la prioridad es localizar con vida a la comunicadora antes de determinar los motivos detrás de su secuestro. Por su parte, la fiscal de Veracruz, Lisbet Aurelia Jiménez, informó que las investigaciones permitieron identificar el vehículo utilizado por los responsables y establecer posibles rutas de desplazamiento.
Las autoridades realizan recorridos y trabajos de búsqueda en Nanchital, Moloacán y Cuichapa, municipios ubicados en la zona sur del estado. Además, continúan las entrevistas con familiares y personas cercanas, así como el análisis de grabaciones y comunicaciones relacionadas con la periodista.
Las imágenes difundidas muestran cómo hombres armados irrumpen en la vivienda de Roxana Guzmán a plena luz del día. Incluso, uno de los agresores aparece con el rostro visible en el video que circuló ampliamente en redes sociales.
Veracruz sigue siendo el lugar más peligroso para informar
El caso ocurre en una entidad que acumula el mayor número de periodistas asesinados en México durante las últimas décadas. De acuerdo con datos de Artículo 19, Veracruz suma 32 comunicadores asesinados desde el año 2000.
La comunicadora dirigía Pulso Informativo del Sureste, una página de noticias locales enfocada en Nanchital y municipios cercanos. Según especialistas en libertad de expresión, este tipo de proyectos suelen operar en las llamadas zonas de silencio, donde la presencia de grupos criminales limita severamente el ejercicio periodístico.
A más de 72 horas de los hechos, las autoridades todavía no localizan a Roxana Guzmán. Su desaparición vuelve a recordar que ejercer el periodismo en amplias regiones del país continúa siendo una actividad marcada por el riesgo, la vulnerabilidad y la impunidad.