La proliferación del pez diablo amenaza la actividad pesquera de decenas de familias del sur de Morelos. Ante la disminución de especies como la mojarra y el bagre criollo, pescadores de Nexpa, en Tlaquiltenango, solicitaron la intervención de las autoridades para controlar la presencia de esta especie invasora en el río Amacuzac.
Los trabajadores advirtieron que el problema afecta sus capturas y, por consecuencia, los ingresos de quienes dependen de la pesca. Por ello, pidieron una estrategia que permita proteger las especies nativas y evitar mayores afectaciones económicas.
Pescadores del río Amacuzac piden intervención urgente
Matilde Ramírez Díaz, pescador de Nexpa, explicó que alrededor de 50 trabajadores de su comunidad enfrentan dificultades por la presencia del pez diablo, también conocido como limpia vidrios.
Según su testimonio, esta especie ha desplazado a peces que tradicionalmente habitaban la zona, lo que ha perjudicado la captura de mojarra y bagre criollo.
Sin embargo, el problema no se limita a Nexpa. Los pescadores también reportan afectaciones en Huautla, Xicatlacotla, Chimalacatlán y Huixastla, así como en comunidades cercanas a Jojutla, entre ellas Chisco y Río Seco.
Ante este panorama, solicitaron la intervención de la gobernadora Margarita González Saravia y de las autoridades municipales para establecer acciones coordinadas.
Especies nativas y economía familiar están en riesgo
La preocupación de los pescadores no se limita a la reducción de sus capturas. También advierten que la expansión del pez diablo representa una amenaza para el equilibrio de los ecosistemas acuáticos de la región.
De acuerdo con los testimonios, el desplazamiento de especies locales se extiende hacia zonas donde confluyen los ríos Amacuzac, Yautepec y Cuautla, e incluso alcanza poblaciones cercanas al estado de Guerrero.
Además, investigaciones académicas han estudiado la dinámica poblacional de esta especie invasora en distintos cuerpos de agua de Morelos, entre ellos la presa Emiliano Zapata, en Tilzapotla.
Por esta razón, Matilde Ramírez consideró necesario que especialistas visiten las comunidades afectadas, evalúen la magnitud del problema y propongan medidas de control.
Los pescadores esperan que las autoridades atiendan su petición antes de que las afectaciones aumenten. Mientras tanto, la presencia del pez diablo en el río Amacuzac continúa generando preocupación entre las familias que dependen de la captura de especies locales para sostener su economía.