La estancia del hijo de Marcelo Ebrard en la residencia oficial de la Embajada de México en Londres volvió a encender la polémica, no solo por el uso del inmueble diplomático, sino por el nivel de privilegios que, según diversas fuentes, tuvo durante meses.
El caso no es menor. Se trata de una residencia destinada exclusivamente a la embajadora, su familia o funcionarios en misión oficial. Sin embargo, entre 2021 y 2022, ese espacio fue ocupado por Marcelo Patrick Ebrard Ramos, hijo del entonces canciller Marcelo Ebrard.
Hijo de Marcelo Ebrard y uso de residencia diplomática
De acuerdo con la investigación de EL PAÍS, Marcelo Patrick Ebrard Ramos vivió durante meses en una habitación amplia con chimenea dentro de la residencia ubicada en el número 48 de Belgrave Square, en Londres.
Durante su estancia, fue atendido por un mayordomo, una cocinera y dos personas encargadas de la limpieza. Es decir, personal pagado con recursos públicos brindando servicio a un familiar directo del titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
El propio Marcelo Ebrard afirmó que no hubo ningún abuso. Argumentó que se trató de la “preocupación de un padre” durante la pandemia de covid-19 y aseguró que no se utilizaron recursos de manera indebida.
Sin embargo, el Código de Ética de la Secretaría de Relaciones Exteriores, vigente desde 2021 y promovido por el mismo Ebrard, establece claramente que no se deben utilizar bienes, recursos humanos o instalaciones institucionales para fines distintos a los oficiales.
Contradicciones, versiones encontradas y falta de claridad
La duración de la estancia es otro punto de conflicto. Marcelo Ebrard declaró que su hijo permaneció alrededor de seis meses en la residencia. Su equipo indicó que fueron ocho meses, de junio de 2021 a enero de 2022.
Pero tres fuentes que trabajaban en la embajada sostienen que Marcelo Patrick Ebrard Ramos ya se encontraba ahí incluso antes de la llegada de la embajadora Josefa González-Blanco en abril de 2021.
Además, testimonios internos aseguran que durante ese periodo, el personal de la residencia estaba prácticamente dedicado a atenderlo. “Fue el invitado que más tiempo se quedó”, relatan.
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La falta de formalidad también genera dudas. No existe registro de una autorización oficial clara sobre su estancia. Tampoco hay evidencia pública de quién asumió la responsabilidad legal de su permanencia en el inmueble, como exige el procedimiento habitual.
En ese momento, la embajada ni siquiera contaba con titular. La encargada de misión era Aureny Aguirre, quien posteriormente afirmó no tener información sobre el caso.
Privilegios frente a abandono de otros mexicanos
El caso adquiere un nivel aún más delicado cuando se contrasta con la realidad de otros mexicanos en el extranjero.
Hace apenas semanas, se dio a conocer que al menos 50 estudiantes mexicanos en Londres se quedaron sin apoyo económico tras la cancelación de sus becas por parte de la Fundación Politécnico, bajo el argumento de falta de recursos.
La pregunta es inevitable. ¿Habría la Embajada de México en Londres abierto sus puertas para ellos? ¿Les habría dado alojamiento, alimentación y atención durante meses?
Mexicanos que han acudido a representaciones diplomáticas relatan que ni siquiera se les permite el acceso sin cita previa. En muchos casos, ni siquiera reciben orientación básica.
Un caso que revive el debate sobre privilegios y poder
El propio Marcelo Patrick Ebrard Ramos participó en una exposición sobre salud mental en noviembre de 2021, lo que su padre utilizó como argumento para defender su estancia.
Sin embargo, fuentes cercanas a la embajada señalan que su presencia implicó una carga adicional para la embajadora Josefa González-Blanco, quien incluso habría tenido que asignarle actividades para mantenerlo ocupado.
El contexto político también pesa. Durante su gestión, la embajadora enfrentó denuncias por malos manejos, acoso laboral y deficiencias en la relación bilateral entre México y Reino Unido.
Hoy, el tema vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda. Si este mismo caso hubiera ocurrido en gobiernos anteriores, ¿cuál habría sido la reacción de quienes hoy lo minimizan?
Probablemente, acusaciones de nepotismo, tráfico de influencias y abuso de poder.
Pero cuando las mismas prácticas ocurren dentro del actual círculo político, la narrativa cambia. El discurso se suaviza. Las críticas se desestiman. Y lo que antes era escándalo, hoy se intenta presentar como algo normal.