Mansión del 'Negro' Durazo será sede universitaria
Una propiedad que alguna vez representó el lujo, la corrupción y los abusos de poder tendrá un destino completamente distinto. El Gobierno federal anunció que la antigua mansión de Arturo ‘Negro’ Durazo, ubicada en el Ajusco, se convertirá en una nueva sede de la Universidad Rosario Castellanos.
La decisión de Claudia Sheinbaum revive una historia que los habitantes de San Andrés Totoltepec no han olvidado. Aunque la apertura de una universidad parece una buena noticia, algunos comuneros cuestionan que las autoridades no los consultaran sobre el futuro de terrenos que consideran parte de su patrimonio.
La propiedad, conocida como Casa Durazo, ocupa seis hectáreas de las 23 que llegó a acumular el antiguo jefe de la policía capitalina durante la década de 1970.
Su residencia tenía una pista de carreras para galgos, un enorme garaje con capacidad para decenas de vehículos y jardines decorados con estatuas y columnas de inspiración romana.
El contraste con su historia resulta difícil de ignorar. Mientras Durazo disfrutaba de las vistas de la capital, sus subordinados cometían graves abusos contra personas en los parajes del Ajusco.
Testimonios recogidos en la zona describen cómo policías trasladaban víctimas a lugares apartados, donde las amarraban, desnudaban y colgaban de árboles. Algunas sobrevivían gracias a personas que pasaban por el lugar.
Integrantes del Concejo de Gobierno de San Andrés Totoltepec sostienen que Durazo obtuvo propiedades mediante engaños a campesinos, aprovechándose incluso de personas que no sabían leer.
Tras su salida de la policía y encarcelamiento durante los años ochenta, su familia habría recurrido a distintas inmobiliarias para distribuir y vender los terrenos, complicando su recuperación.
Sin embargo, la memoria local también conserva una contradicción: algunos habitantes recuerdan al exfuncionario como benefactor porque entregaba empleos, permisos de taxi y otros apoyos.
Ahora, el anuncio universitario divide opiniones.
Fernando Pérez cuestionó la falta de consulta y que Sheinbaum presentara a la Academia Mexicana de Ciencias, actual ocupante del edificio principal, como responsable de ceder el espacio.
La antropóloga Claudia Álvarez consideró positiva la iniciativa, pero pidió participación comunitaria para definir las carreras que ofrecerá la institución.
Por su parte, Ángel Benítez insistió en mantener la lucha por los terrenos.
Así, la antigua residencia del ‘Negro’ Durazo podría pasar de símbolo de excesos a centro educativo, aunque la disputa por las tierras continúa sin resolverse.
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