Royal Caribbean perdió el control del discurso en Mahahual el día que su representante en México decidió reducir años de denuncias ambientales a simples comentarios de redes sociales. La frase de Ari Adler Brotman terminó exhibiendo algo más grave que un error de comunicación. Reveló el desprecio con el que grandes corporativos suelen mirar la resistencia social cuando esta amenaza inversiones millonarias.
La oposición contra Perfect Day nunca surgió del capricho ni de campañas improvisadas en internet. Ambientalistas, científicos y habitantes documentaron riesgos sobre manglares, arrecifes y selva costera mientras el gobierno de Quintana Roo avanzaba con permisos cuestionados para un megaproyecto turístico señalado por sus posibles impactos ecológicos en Mahahual.
Ari Adler Brotman intentó desacreditar la resistencia ambiental
Durante su entrevista, Brotman insistió en que existe “desinformación” alrededor del proyecto y defendió la Manifestación de Impacto Ambiental presentada por Royal Caribbean. También aseguró que la empresa busca combatir el rezago histórico de la comunidad. Sin embargo, las críticas nunca se limitaron a rumores o especulación política.
Greenpeace y colectivos ambientales señalaron inconsistencias dentro de la MIA y alertaron sobre posibles daños a ecosistemas protegidos. Además, Profepa suspendió temporalmente obras en enero tras denuncias relacionadas con afectaciones en manglar. La empresa respondió que todo derivó de malentendidos y defendió que únicamente realizaban demoliciones autorizadas.
Perfect Day chocó contra la presión pública y ambiental
Brotman también descalificó a quienes impulsaron críticas desde redes sociales, afirmando que muchos ni siquiera podrían ubicar Mahahual en un mapa. La declaración terminó reforzando la percepción de soberbia corporativa frente a una discusión respaldada por datos científicos y recursos legales.
La presión pública escaló hasta llegar al Gobierno federal. Alicia Bárcena confirmó que Semarnat no autorizará Perfect Day. El megaproyecto prometía inversiones millonarias, pero terminó convertido en símbolo del choque entre turismo masivo y protección ambiental en el Caribe mexicano.